This post is also available in:
Aunque están destinados a aliviar el dolor, la Dra. Hulda Clark descubrió que los analgésicos actúan como agentes inmunosupresores. Advirtió que muchos de los analgésicos de uso común, como el acetaminofén, los medicamentos tipo aspirina y los opioides, reducen la cantidad de glóbulos blancos (leucopenia), debilitando así la principal defensa del cuerpo contra los patógenos.
En lugar de facilitar la curación, estos medicamentos adormecen el sistema de alarma del cuerpo mientras contribuyen a disfunciones más profundas. La Dra. Clark observó que los analgésicos pueden retrasar la reparación de tejidos, prolongar hemorragias e interferir con la desintoxicación al sobrecargar el hígado. Ella relacionó el dolor persistente con infecciones no resueltas (como Streptococcus pneumoniae) y con irritantes químicos como el benceno y el ácido fórmico, factores que a menudo son enmascarados, en lugar de tratados, por los analgésicos.
Estos fármacos ocultan síntomas vitales, debilitan la vigilancia inmunitaria y favorecen la supervivencia de los patógenos al socavar las defensas naturales del huésped. Pueden aliviar el sufrimiento a corto plazo, pero frecuentemente a costa de la salud a largo plazo.
Según, «La cura para todos los cánceres avanzados», Dra. Hulda Clark, pág. 65 – 66, 71, 72






Deje un comentario
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.