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Aunque se habla menos de ellos que de los antibióticos, la Dra. Hulda Clark también identificó a los medicamentos antivirales como contaminantes inmunosupresores. Los clasificó entre los agentes farmacéuticos que suprimen la función inmunológica y aumentan la vulnerabilidad a las enfermedades. En lugar de fortalecer el organismo, estos medicamentos lo debilitan de forma profunda.
Los antivirales están diseñados para inhibir la replicación viral; sin embargo, la Dra. Clark descubrió que frecuentemente suprimen la actividad de los glóbulos blancos y alteran la señalización inmunológica. Los residuos de antivirales pueden quedar incrustados en la médula ósea y el sistema linfático incluso después de finalizar el tratamiento. Esta toxicidad persistente impide la regeneración inmune y favorece el desarrollo de enfermedades crónicas.
Los análisis con el Syncrometer revelaron la presencia constante de residuos antivirales en personas que padecían CMV, VEB y SV40, así como en casos de cáncer y trastornos autoinmunes. En lugar de eliminar los virus, estos medicamentos pueden simplemente silenciar los síntomas mientras los virus y oncovirus permanecen activos en los tejidos, sin ser detectados.
¡Los antivirales no son curas reales! Actúan como silenciadores inmunológicos: reducen temporalmente la actividad viral pero socavan las defensas naturales del cuerpo, lo que puede conducir a infecciones profundas, agotamiento inmunológico y enfermedades de larga duración.
Fuente, “La curación es posible”, Dra. Hulda Clark, pág. 120, 236, “La cura para todos los cánceres avanzados”, Dra. Hulda Clark, pág. 254






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