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Las partículas radiactivas son átomos inestables que, al descomponerse, emiten radiación ionizante. Elementos radiactivos como el uranio, el torio, el radón y el polonio pueden encontrarse con frecuencia en nuestro entorno diario. Estas sustancias emergen continuamente del suelo, especialmente en regiones con rocas fosfatadas. Se desplazan de forma invisible a través del aire, el polvo, el agua y los materiales de construcción, ingresando en nuestros hogares y cuerpos sin ser detectadas.
Fuentes de contaminación radiactiva
La exposición a la radiactividad ocurre de forma natural, pero aumenta con la vida moderna. La descomposición del uranio genera una cadena de subproductos radiactivos:
- Gas radón, que se filtra a través de pisos y cimientos
- Polonio, un emisor alfa identificado por la Dra. Clark como la causa raíz de todos los cánceres
- Plomo y torio radiactivos, que se depositan en huesos y tejidos
- Prometio, el único lantánido radiactivo, presente en el aire y en el sudor
La exposición adicional proviene de:
- Polvo y gases que ingresan al hogar desde el subsuelo
- Materiales dentales, incluidos implantes con uranio
- Blanqueadores y productos de tratamiento de agua que contienen o se enlazan a partículas radiactivas
- Productos domésticos con tampones fosfatados o aditivos ignífugos
Impacto biológico y efectos sobre la salud
La Dra. Clark describió la radiación alfa, especialmente la del polonio, como la más dañina. Aunque tiene corto alcance, las partículas alfa actúan como balas microscópicas que atraviesan tejidos y cortan cromosomas, lo que genera mutaciones. Esta alteración afecta la división celular, la integridad del ADN y la regulación genética. Según la Dra. Clark:
- El polonio causa todos los cánceres al iniciar la fragmentación del ADN y cascadas mutagénicas.
- Lantánidos como el cerio y el terbio desplazan el calcio y los fosfatos, provocando debilitamiento óseo, fatiga y bloqueo en la producción de energía.
- Los órganos inmunitarios como el timo, el bazo y la médula ósea acumulan elementos radiactivos y pierden funcionalidad.
Una consecuencia crítica es la depleción de vitamina C. A medida que los glóbulos blancos combaten patógenos portadores de metales radiactivos, consumen rápidamente esta vitamina, debilitando la respuesta inmunológica y dejando al cuerpo vulnerable a infecciones persistentes y degeneración.
Relación con el cáncer y los parásitos
La Dra. Clark descubrió que el cáncer se origina cuando ciertos elementos radiactivos y químicos se combinan en una fórmula específica:
| Polonio + Cerio + Compuesto de cianuro + Agentes alquilantes de Fasciolopsis buski |
Este complejo solo se encuentra en tejidos cancerosos, no en los sanos. En contraste, las personas sanas presentan una combinación de Polonio + Cerio + Prometio, la cual es inocua. La presencia de agentes alquilantes, residuos generados por parásitos, desencadena mutaciones masivas al interactuar con partículas radiactivas, especialmente en tejidos con vías de desintoxicación deterioradas.
Síntomas y consecuencias adicionales
Además del cáncer, la exposición radiactiva se asocia con:
- Fatiga crónica por agotamiento del ATP (energía celular)
- Hemorragias y hematomas por la interferencia del terbio en la coagulación
- Envejecimiento acelerado y colapso inmunológico
- Infertilidad y alteraciones hormonales
- Degeneración neurológica por daño genético constante
El flúor y el bromo, al añadirse al agua potable, atraen polonio y favorecen su acumulación en el bazo. Esto es especialmente grave en enfermedades como el VIH, trastornos por priones y otras infecciones relacionadas con el oro, donde la toxicidad esplénica es pronunciada.
Fuente, “Cura y prevención de todos los cánceres”, Dra. Hulda Clark, pág. 37, 72-73, 133-134, 291-292, 323-325, 408-409






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